Mi aventura en la docencia empezó a los 18 años, cuando todavía estudiaba en la preparatoria y mi hermana mayor, al verme desocupada, me consiguió trabajo como maestra de inglés, para que yo no tuviera malos pensamientos. Al principio me sentí un poco preocupada y desconcertada, pero mi hermana me apoyó a organizar y planear mis clases. Al poco tiempo tomé mi primer curso para prepararme como maestra de inglés, y aprendí nuevos métodos, técnicas y estrategias para dar clases. El haber tomado ese curso me ayudó a mejorar mi práctica docente. Después de un tiempo de dar clases, me di cuenta que me encantaba enseñar y que era muy gratificante el poder compartir un poco de lo que yo sabía.
Al terminar la preparatoria decidí estudiar en la Facultad de Odontología de la UNAM por las mañanas y daba clases de inglés por las tardes y sábados. Al terminar mi carrera, ejercí como dentista por un tiempo, pero seguía dando clases de inglés porque me gustaba mucho. Me casé, tuve un hijo y desafortunadamente me divorcié, lo cuál hizo que mi vida diera un giro. Por la seguridad del trabajo y porque me gustaba, dediqué más de mi tiempo a la enseñanza que a mi profesión; así que poco a poco fui dejando la odontología por la enseñanza, de lo cuál no me arrepiento para nada, después de todo mi primera carrera fue la de ser profesora y nunca la abandoné por completo.
He dado clases en varias escuelas y he impartido diferentes niveles, pero uno de los que más me ha gustado, es el nivel medio superior. Este nivel es muy interesante y enriquecedor porque el trabajar con adolescentes te llena de energía y es un gran reto profesional porque los jóvenes están en la edad de la rebeldía y del cuestionamiento crítico, así que hay que preparar mejor las clases para motivarlos primero a no desertar, segundo a que adquieran hábitos: de estudio, conducta, etc. (sí es que no los obtuvieron en primaria o secundaria); y tercero a fomentarles los valores universales y autoestima.
Muchas veces se dice que los niños son como “esponjitas” que absorben todo muy fácilmente, yo creo que los adolescentes siguen siendo “esponjitas”, pero “esponjitas con hormonas saltarinas”, por eso en mi clase procuro ser paciente y entender sus cambios de humor y estados de ánimo. También utilizo material de temas interesantes para su edad y promuevo que utilicen su pensamiento y razonamiento crítico.
El trabajar como docente tiene grandes satisfacciones y pocas insatisfacciones. Una de las satisfacciones es cuando al final del semestre, me doy cuenta de que logré que por lo menos un alumno haya mejorado no sólo académicamente, sino también como persona. Las demás satisfacciones las obtengo día a día, porque para mí el dar clases es muy divertido y procuro que mis alumnos se diviertan mientras aprenden. Algunas de las insatisfacciones que se tienen en este nivel es el ver que algunos de los adolescentes todavía no entienden la importancia de aprender, conocer y ser mejor cada día.
El trabajo como profesor no es nada fácil, tenemos grandes responsabilidades como el organizar, planear, y evaluar el aprendizaje; entre otras muchas cosas más. Pero para mí ha sido el mejor trabajo del mundo porque me encanta lo que hago, y me gusta poder ser un granito de arena en la vida de muchos estudiantes.
Al terminar la preparatoria decidí estudiar en la Facultad de Odontología de la UNAM por las mañanas y daba clases de inglés por las tardes y sábados. Al terminar mi carrera, ejercí como dentista por un tiempo, pero seguía dando clases de inglés porque me gustaba mucho. Me casé, tuve un hijo y desafortunadamente me divorcié, lo cuál hizo que mi vida diera un giro. Por la seguridad del trabajo y porque me gustaba, dediqué más de mi tiempo a la enseñanza que a mi profesión; así que poco a poco fui dejando la odontología por la enseñanza, de lo cuál no me arrepiento para nada, después de todo mi primera carrera fue la de ser profesora y nunca la abandoné por completo.
He dado clases en varias escuelas y he impartido diferentes niveles, pero uno de los que más me ha gustado, es el nivel medio superior. Este nivel es muy interesante y enriquecedor porque el trabajar con adolescentes te llena de energía y es un gran reto profesional porque los jóvenes están en la edad de la rebeldía y del cuestionamiento crítico, así que hay que preparar mejor las clases para motivarlos primero a no desertar, segundo a que adquieran hábitos: de estudio, conducta, etc. (sí es que no los obtuvieron en primaria o secundaria); y tercero a fomentarles los valores universales y autoestima.
Muchas veces se dice que los niños son como “esponjitas” que absorben todo muy fácilmente, yo creo que los adolescentes siguen siendo “esponjitas”, pero “esponjitas con hormonas saltarinas”, por eso en mi clase procuro ser paciente y entender sus cambios de humor y estados de ánimo. También utilizo material de temas interesantes para su edad y promuevo que utilicen su pensamiento y razonamiento crítico.
El trabajar como docente tiene grandes satisfacciones y pocas insatisfacciones. Una de las satisfacciones es cuando al final del semestre, me doy cuenta de que logré que por lo menos un alumno haya mejorado no sólo académicamente, sino también como persona. Las demás satisfacciones las obtengo día a día, porque para mí el dar clases es muy divertido y procuro que mis alumnos se diviertan mientras aprenden. Algunas de las insatisfacciones que se tienen en este nivel es el ver que algunos de los adolescentes todavía no entienden la importancia de aprender, conocer y ser mejor cada día.
El trabajo como profesor no es nada fácil, tenemos grandes responsabilidades como el organizar, planear, y evaluar el aprendizaje; entre otras muchas cosas más. Pero para mí ha sido el mejor trabajo del mundo porque me encanta lo que hago, y me gusta poder ser un granito de arena en la vida de muchos estudiantes.
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